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Ardiendo para Dios
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01-12-2009, 11:16 AM
(Este mensaje fue modificado por última vez en: 04-12-2009 10:50 PM por Rafael.)
Mensaje: #1
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Estudio biblico de arder para Dios, el avivamiento biblico, Duewerl Wesley ardiendo para Dios, avivar el fuego del don de Dios.
Bueno hermanos, por aqui esta este breve estudio. I. ¡PUEDES ARDER! Ardiendo para Dios! ¡Tu manera de ser tan bañado por la presencia y belleza del Señor que las demás personas intuyen que Dios está contigo! La mano de Dios tan claramente evidente en tu vida y liderazgo que se advierte el poder y la autoridad que reposan en ti con santidad y paz! El Espíritu Santo que te unge repetidamente para que desempeñes tus obligaciones diarias y tus actividades de dirigente! Dios te quiere como líder que arde verdaderamente con Su Espíritu Santo, seas ordenado o laico. ¿Has estado anhelando que el Espíritu Santo te toque más, que Dios ponga con más poder Su mano sobre ti, sellando tu liderazgo y toda tu vida? ¿Has sentido que Dios debe tener disponible más unción de Su Espíritu Santo para ti que la que has experimentado habitualmente? Cuando lees los relatos de la forma en que Dios usó, tan poderosamente, a hombres como Wesley, Whitefield, Finney y Moody, ¿deseas que esas obras divinas fueran más comunes en los líderes cristianos de hoy? ¿Has ansiado tener el fuego del Espíritu Santo en forma más evidente: que toque tus labios cuando hablas, tu corazón cuando oras y que agregue esa bendición “extra” de Dios a tu liderazgo? ¡Regocíjate! Dios te concedió ese deseo. El tiene una nueva dimensión de capacitación divina disponible para cada líder cristiano, incluyéndote a ti. Dios anhela demostrarte que El está más cerca de ti de lo que tú te das cuenta. El te ha escogido y conducido para Su propio propósito. Dios quiere hacer nuevas cosas a través de ti y tu ministerio. Tú eres una persona que Dios quiere usar más y más para Su gloria, en un sentido en que tú, con toda probabilidad, te consideras totalmente indigno. Tú sabes que no eres en absoluto especial. Apenas si te concibes como hombre de Dios o mujer de Dios pero él quiere usarte en forma especial. Tú eres importante para El; Dios te necesita y quiere probarte lo que El puede hacer a través de tu vida y liderazgo. Dios quiere que te enciendas con Su amor, Su Espíritu Santo y Su poder Puedes arder por Dios Dios prefirió usar el fuego como símbolo del Espíritu Santo para ayudamos a entender lo que El anhela hacer por nosotros. El quiere que Sus líderes ardan por El, que estén encendidos por la manifiesta presencia del Espíritu Santo, en llamas con Su gloria. El quiere que esta capacidad sagrada te caracterice como uno elegido y nombrado por El. Gran parte del contenido de este libro puede bendecir a cualquiera que esté hambriento de Dios —hambriento de ser más usado por Dios—, y será usado especialmente por Dios para ayudar a todos ustedes, los líderes cristianos, sea que sirvan tiempo completo o que dirijan grupos de cristianos dentro de una iglesia en particular. Cualquiera que sea tu posición de líder: pastor, anciano, presbítero, diácono, misio¬nero, líder de algún ministerio cristiano, Dios quiere que seas una llama ardiente. Maestro o maestra de escuela dominical, líder laico, líder de grupos de oración, ustedes también pue¬den arder para Dios. El liderazgo cristiano exige el óptimo espiritual de parte de nosotros y mucho más. Su toque sobrenatural que da poder debe agregarse a nuestro óptimo. Debemos ofrecer lo mejor de nosotros mismos y luego esperar que Dios añada Su fuego sagrado. Nuestro óptimo nunca basta. Constantemente nece¬sitamos ese toque extra de Dios. Necesitamos Su fuego. Necesitamos más que habilidad y destreza para servir a Dios. Necesitamos la manifiesta presencia de Dios, la con¬ciencia y evidencia del toque especial de Dios en nosotros. No confiemos en nuestro conocimiento, preparación y expe¬riencia sino confiemos en ese toque de Dios que nos transfor¬ma a lo supremo y óptimo a cada uno de nosotros. Spurgeon insistía “necesitamos la unción espiritual extraordinaria, no el poder intelectual extraordinario”. No nos satisfacemos con ser fieles; deseamos profunda¬mente el reconocimiento especial de Dios sobre nuestra fide¬lidad. No nos satisfacemos con trabajar mucho y fuerte sino que esperamos en Dios para que otorgue poder a nuestros más fervientes esfuerzos. Procuramos algo más que estar muy atareado, y buscamos la evidencia de que Dios nos está usando. Dios te creó para ser llenado con y ungido por Su Espíritu Santo. Esa llenura completa tu personalidad, te capacita para ser como Cristo y radiante con la presencia de Dios; y hace que tu servicio sea guiado por el Espíritu, facultado por el Espíritu y tisado a plena capacidad por Dios. Como líder cristiano saludable nunca puedes darte por satisfecho sin esa plenitud, esa condición divinamente impar¬tida de ser como Cristo, y esa capacitación transformadora que te hace tomar conciencia deque Dios te está usando para Su propósito y gloria. Ningún líder cristiano puede estar completa y continuamente satisfecho en su ministerio sin esa capacitación divina: el resplandor, el fuego y el poder del Espíritu Santo deben estar presentes en nosotros y activos por medio de nosotros. Es hermoso y desafiante contemplar una vida que arde por Dios, es inspiradora para el prójimo a quien imparte fe para creer la obra de Dios en las vidas de sus seres amados y las situaciones que les conciernen; les da confianza en que Dios responderá la oración, y hará que las otras personas se acerquen a Dios y le obedezcan. Una vida en llamas siempre es una bendición mucho mayor que la misma vida carente de la llama del Espíritu Santo. Jesús dijo de Juan el Bautista: “El era antorcha que ardía y alumbraba” (Juan 5:35). El evangelista más grande que haya conocido la China, Juan Sung, era calificado como “la llama viviente del celo evangélico”. Ha habido una y otra vez cristianos tan llenos del Espíritu, y tan usados por Dios, que los hermanos con discernimiento se han referido a ellos diciendo que “arde para Dios”, “arde con el Espíritu de Dios”, “siervo ardiente de Dios”, “líder bautizado en fuego”, u otros calificativos semejantes. Los que mejor te conocen, esos a quienes diriges: ¿hablan así de ti, en esos términos? Spurgeon hablaba de la necesidad de contar con líderes “que vivan solamente para Cristo y no desean nada que no sea oportunidades para promover Su gloria, extender Su verdad, ganar por Su poder a quienes Jesús ha redimido por medio de Su preciosa sangre... Necesitamos hombres al rojo vivo, que fulguren con intenso calor; hombres a los cuales no puedas acercarte sin sentir que tu corazón se calienta; hom¬bres que se abren paso ardiendo por Dios en todos los traba¬jos, hasta llegar, directamente, a la obra deseada; hombres lanzados por la mano de Jehová como si fueran truenos que explotan, abriéndose paso a través de todo lo que se les opone, hasta llegar al blanco hacia el cual estaban apuntados; hom¬bres propulsados por la Omnipotencia”. David Brainerd, el valiente misionero intercesor que tra¬bajó con los indios norteamericanos, exclamaba: “¡Oh, que yo pueda ser fuego abrasador al servicio del Señor! Heme aquí, Señor, mándame; envíame a los confines de la tierra... sácame de todo eso que es llamado comodidad terrenal; envíame hasta la misma muerte si es en Tu servicio y para expandir Tu reino”. Dios eligió el fuego para que fuera el primer y más importante símbolo continuo que manifiesta Su presencia. En todo el período del Antiguo Testamento Su Shekinah (gloria) ígneo resplandor milagroso demostraba constantemente Su presencia, guía, liderazgo, intervención y sello de aproba¬ción. En el período del Nuevo Testamento el Espíritu Santo es la manifestación de la Shekinah. Israel perdió la Shekinah de Dios cuando los llevaron en cautiverio, y ésta no les fue restaurada hasta su retomo visible en Pentecostés, habiéndose transformado de haber sido, primordialmente, la presencia de Dios en un lugar a ser Su presencia en Su mismo pueblo. Su visibilidad fue transitoria en Pentecostés pero su realidad es permanente en aquellos que son llenos del Espíritu Santo. Jesús quería que todos Sus discípulos fueran bautizados con el Espíritu Santo y el fuego (Mateo 3:11; Lucas 3:16). Jesús desea que cada uno de nosotros sea tan lleno del Espíritu Santo que nuestra naturaleza más íntima sea limpia¬da como por fuego, y nuestra vida hecha radiante, llenada con poder y celo dados del Espíritu, y en llamas con la Shekinah (gloria) de Dios. La Shekinah (gloria) del Espíritu Santo, Su santa llama es para todos nosotros los creyentes en esta dispensación de la gracia, es para embellecemos con una manera de ser santa, hacemos de refulgente disposición y fructífera vida. Esta es la norma de Dios en el Nuevo Testamento para Sus hijos e hijas pero cuánto más debería ser característica de todos los líderes de la iglesia de Cristo! Cada líder cristiano debe ser un ejemplo, y prueba visible de la norma de Cristo, de una vida llena del Espíritu Santo. Como líder debes mantener tu estatura espiritual, persistencia y fervor, y estar tan marcado por el sello del Espíritu Santo de Dios que aquellos a quienes tú diriges agradezcan a Dios por tu liderazgo. Ellos deben ser motivados a aceptar y seguir de todo corazón tu liderazgo siendo llevados, consciente e inconscientemente, más cerca de Dios por tu dirección. Todos nosotros, los líderes cristianos, anhelamos ser mas usados por Dios, más marcados por el sello de Dios en nuestras vidas y ministerios. Sé valiente y anímate. Dios satisfará ese anhelo tuyo. Puedes arder hoy por Dios más que nunca. Oh, desde lo alto Vos vinisteis A impartir el puro fuego célico; Enciende una llama de sacro amor En el mísero altar de mi corazón. Que éste por Tu gloria arda Con inextinguible fulgor, Y temblando regrese A su fuente en humilde oración Y ferviente loor. Jesús, confirma el deseo de mi corazón Para obrar, hablar y pensar por Ti; Pero déjame abrigar el fuego sagrado y seguir inflamando Tu don en mí. (Traducción libre) Charles Wesley II. EL ESPIRITU SANTO TE HARA ARDER El Espíritu Santo es la maravillosa Tercera Persona de la Trinidad, sobre la cual sabemos tan poco. El nos ama con tanta ternura, nos cuida tan personalmente, y nos ministra con tanta fidelidad ¡Qué asombroso es que encontre¬mos en la Biblia tan a menudo que el fuego solamente es el símbolo común de esta bellísima Persona! ¿Por qué la Escri¬tura escogió el fuego para ilustrar Su presencia y Su obrar? ¿Qué bendición indica esto para nosotros cuando estamos llenos del Espíritu? Un mensaje simbólico del fuego del Espíritu es, sin lugar a duda, Su obra de purificación, lo que es muy importante para nosotros. Esta obra es la realidad central de la experien¬cia de ser llenado con el Espíritu Santo (Hechos 1529). Sin embargo, hay otras verdades significativas enseñadas por el símbolo del fuego del Espíritu Santo, verdades que enseguida examinamos. Juan el Bautista había profetizado sobre Jesús que: “El os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11; Lucas 3:16). La venida del Espíritu Santo iba a tener el efecto del fuego. Cristo deseaba que todo el fiero ministerio del Espíritu fuera activo en la vida de los Suyos. El encendió la santa llama de Dios en los corazones de Sus seguidores cuando empezó Su ministerio terrenal. Fue tanto el poder que Cristo dio por Su bautismo de fuego en el día de Pentecostés, como fue visible¬mente simbolizado por el descenso de la sagrada llama del Espíritu Santo, que los ciento veinte empezaron a esparcir el sacro fuego de Dios por todo el mundo. Jesús había dicho: Fuego vine a echar en La tierra. Lucas 12:49 Aunque no todos los comentaristas de las Escrituras están de acuerdo respecto del significado de este fuego que Cristo tanto ansiaba que llegara, que en el decursar de los siglos, una plétora de hombres famosos y eruditos líderes de la iglesia consideran esa expresión del Señor como una referencia, directa o indirecta al poderoso ministerio del Espíritu Santo.1 El celo por cumplir el propósito de Dios Padre ardía en Jesús corno un fuego inextinguible que indicaba ‘una ardien¬te aptitud para hacer toda la voluntad del Padre aunque ésta costara Su propia sangre”. Nuestro Salvador de corazón ardiente debiera tener discípulos con corazones semejantes. El obispo Williani Quayle decía al referirse a un líder que “está en el centro de un círculo bordeado enteramente por fuego. La gloria lo envuelve. El líder es un prisionero de la ,. Orígenes; Atanasio; Jerónimo; Crisóstomo; Calvino; Clarke; Dnnn; Jamieson, Paussett y Brown; Lieñeid; Marhsall; Micklem; Fatrar; Geldenhuys; Alførd; G. Campbell Morgan; Ryle; Barclay; Leon Monis; Dictionary of New Testoment Theotogy; etc. majestad”. El dice que aun e1 carente de habla debiera encen¬derse con respecto a esos temas que el Evangelio nos compele tratar. No debemos ser insípidos. No hay una sola página aburrida en toda esta antigua historia, de la redención de la raza humana” Quayle nos ruega que no seamos apáticos sino vigilantes pues estamos ‘cargados con un ministerio que debe ser ma¬nifestado so pena que muramos y, lo que aun es más conse¬cuente, es que debe ser expresado so pena que este mundo perezca”. Deja que tu corazón sea encendido con sus ulterio¬res palabras: el ministro “tiene su propio corazón extraña¬mente caliente. El amor lo ciñe. El Cristo lo aplaude. La eternidad se vuelve su tutor. El cielo se adueña de él hacién¬dolo embajador suyo. Dios se complace con él. Mil lenguas de fuego lamen el horizonte de su amante pensar y designio”. Benjamín Franldin confesaba que iba, a menudo, a escu¬char a George Whitefield, pues con sus ojos lo veía arder. Hemos olvidado el significado de la raíz de donde proviene nuestra palabra “entusiasta”; proviene de en theos, es decir, literalmente en Dios. Cuando Dios pone Su ardiente Espíritu Santo en nosotros, éste va a arder naturalmente dentro de nosotros con santa dinámica. Nos volvemos ardientes y en¬cendemos a otros. El líder cristiano peca al ser tan opaco que no inspire a otros. Ese príncipe de los predicadores ingleses que fue el doctor Martyn Lloyd-Jones insiste: “predicar es la teología que pasa por el hombre que arde... Repito, el hombre que pueda hablar desapasionadamente de esas cosas, no tiene derecho de ocu¬par un púlpito, y nunca debe permitírsele usar uno. ¿Cuál es el fin principal de la prédica? Me gusta pensar que es éste: dar a hombres y mujeres un sentido de Dios y Su presencia Un respetado profesor de la Universidad de Nueva York decía que el secreto de la gran enseñanza es el contagio. Este es el secreto de todo gran liderazgo. Martín Lutero no quería perder el fuego de su alma; tampoco nos atrevamos nosotros. El fuego atrae, motiva, enciende otros fuegos; la naturaleza del fuego es encender, poner en llamas. El Ejército de Salvación y muchos otros evangélicos bri¬tánicos gustan cantar este himno, que escribió el fundador de ese Ejército, William Booth: Cristo, Tú la llama ardiente que limpia, ¡Manda el fuego! Hoy reclamamos la dádiva comprada por Tu sangre ¡Manda el fuego! Mira hacia abajo y ve a este ejército que espera; Danos el prometido Espíritu Santo. ¡ Queremos otro Pentecostés, Manda e1 fuego! Es Tu fuego el que queremos, por el fuego rogamos, Manda el fuego! Para fuerza para siempre hacer lo justo, Para gracia para vencer en la lid, Para poder caminar por el mundo sin manchamos ¡Manda el fuego! Para hacer fuertes y valientes A nuestros débiles corazones, ¡Manda el fuego! Para vivir en un mundo agonizante Al cual queremos salvar, ¡Manda el fuego! Oh, míranos en Tu altar depositar nuestras vidas, Todo nuestro ser, en este mismo día. Para coronar esta ofrenda ahora te imploramos ¡Manda el fuego! (Traducción libre) Dios dijo a Jeremías: “He aquí yo pongo mis palabras en tu boca por fuego” (Jeremías 5:14). En esa ocasión Dios se refería al fuego del juicio pero, en forma similar, Dios hace que nuestras palabras quemen, para que Su pueblo pueda encenderse con santo amor, celo y obediencia. Cuando el Espíritu Santo enciende nuestro corazón, hará que se enciendan nuestras palabras cual hoguera. Cuando nuestra manera de ser está encendida por el compromiso a Cristo, y tenemos la ardiente visión de lo que El se propone hacer por nosotros, todo nuestro liderazgo se revive y vibra con poder. Debemos mantener nuestra consagración constantemente, así como los sacerdotes mantenían el fuego del altar del templo. Dios honra cuando buscamos repetidamente las oca¬siones para renovar nuestro compromiso, confesar nuestra total dependencia de El, y adueñamos e implorar de nuevo el ministerio de su bondadoso Espíritu Santo dentro de y a través de nosotros. Acotemos más plenamente este ministe¬rio de fuego del Espíritu. El te enciende con Su bautismo de fuego. “El os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11; Lucas 3:16). Eso decía Juan el Bautista sobre Jesús; esto se refiere al ígneo carácter de las operaciones del Espíritu Santo en el alma —explorar, consumir, refinar, sublimar— como casi todos los buenos intérpretes entienden las palabras.3 El te da poder con Su ígnea energía divina. El fuego de Dios habla también de Su divina energía constantemente lista para dar poder a los Suyos, que estén totalmente entregados a él. Cristo desea que todo el ígneo ministerio del Espíritu Santo sea activo en tu vida: “Fuego vine a echar en la tierra” (Lucas 12:49). El encendió la santa llama de Dios en los corazones de Sus seguidores cuando empezó Su ministerio terrenal; pero sabía que necesitaban más del Espíritu Santo. El fuego interior del Espíritu enciende con Su divina presencia a la persona llenada del Espíritu. El día de Pentecostés pudo verse que el Espíritu Santo descendía en forma de santa llama sobre los hombres y mujeres reunidos en el aposento alto. Dotados de poder por el Espíritu Santo empezaron a esparcir el santo fuego de Dios ese mismo día. Durante décadas el fuego del Espíritu Santo siguió ardiendo y esparciéndose. La persecución no pudo sofocar el fuego de ellos sino que sólo sirvió para soplar las llamas; Pentecostés prendió una llama que por la gracia de Dios nunca se apagará. El te incendia con Su ígnea radiante y Su celo. “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sir¬viendo al Señor” (Romanos 12:11). Tu eres ferviente en espíritu cuando estás incendiado espiritualmente. Weymouth traduce ese pasaje así: “Que vuestros espíritus se incendien”; Goodspeed lo traduce: “Prendido por el Espíritu Santo”; y la versión Revisada de la Biblia: “Brilla con el Espíritu Santo”. El Espíritu Santo revive tu espíritu, te llena con abundan¬cia de vida, amor y celo; te incendia para que manifiestes la vibrante y radiante vida de Dios. El revivirá tus devociones, acelerará tu obediencia y soplará tu celo hasta que se torne en llamaradas. Como creyente lleno del Espíritu debes caracte¬rizarte por la intensa devoción, la ferviente disposición y el servicio leal que distingue a los ángeles celestiales. Apollos era de espíritu fervoroso (Hechos 18:25) lo cual traducido literalmente es “espíritu ardiente” o “al rojo vivo con el Espíritu Santo”. Cuando el Espíritu Santo arde dentro de ti, libre y pleno, tu vida interior se vuelve radiante, tu celo se intensifica y tu servicio se toma dinámico. Tú estás “aprovechando bien el tiempo” (Efesios 5:16). La necesidad de este celo y fuego espiritual es resaltado por la condición de la iglesia de Laodicea que se había vuelto tibia (Apocalipsis 3:15-16). La temperatura espiritual de un líder lleno del Espíritu Santo debe permanecer alta. El Espíritu Santo desea tanto llenarte con amor ágape ardiendo al rojo vivo, que tu vida irradie constantemente Su presen¬cia. Cualquiera que sea la traducción de Romanos 12:11, ferviente en tu espíritu o con el Espíritu Santo, el Espíritu Santo mismo es el que siempre te da poder. Su activa plenitud debe saturar tu manera de ser y tu servicio. El te da dones que tú puedes convenir en llamas. Los dones espirituales son dotes para el servicio dado por medio de la actividad del Espíritu Santo. Dios provee cualquier poder divino que necesitemos para el servicio al cual nos ha asignado. El Espíritu Santo mismo es la gran dádiva de Dios a nosotros (Hechos 2:38 ) pero El otorga dones de gracia (charismata» proveyendo poder y capacidad divinos para servir a Dios, y al cuerpo de Cristo. Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti. 2 Timoteo 1:6 Fíjate en que el don estaba en él. El Espíritu Santo obra primariamente desde adentro, no por encima ni por fuera. El no nos manipula sino que nos capacita por Su presencia y poder que mora en nosotros. Dios nunca te designa o guía a realizar un servicio sin estar disponible para darte poder y dones con todo lo necesario para que hagas Su voluntad; pero tú debes desempeñar un papel cooperador. Debes reavivar o soplar para que surja la llama completa de ese poder divino. Los dones de Dios son dados para que los atesoremos y usemos. Fallar en usarlos comó Dios desea, es fallar a Dios y al prójimo. Desarrollamos los dones usándolos, y en la medida que utilizamos lo que Dios nos da, el Espíritu Santo nos capacita, nos guía y nos hace dar fruto. La tendencia constante del fuego es apagarse. El Espíritu Santo no desperdicia la energía divina. Si no obedecemos y usamos la gracia provista por Dios, El cesa de dárnosla. El tiempo verbal en el griego resalta el reavivamiento conti¬nuo de la llama. La biografía espiritual de muchos líderes cristianos dice “una vez estuvo al rojo vivo”. ¿Hubo un tiempo en que tú estuviste más al rojo vivo por Dios que hoy? Alabado sea Dios pues una llama que se está apagando, ya casi extinta, puede ser reavivada para que vuelva a arder brillante otra vez. El soplo reavivador debe ser continuo. Dios instruyó cinco veces que el fuego del altar del holocausto debía mantenerse encendido siempre (Levítico 6), Inicialmente ese fuego había sido dado por El mismo desde €1 cielo (Levítico 9:24; 2 Crónicas 7:11). Dios suple el fuego pero nosotros debemos mantenerlo ardiendo. Necesitamos constante¬mente el fuego del Espíritu Santo que simboliza la presencia divina dentro de nosotros y necesitamos cons¬tantemente el toque de la gracia divina sobre nosotros, pro¬vista por medio de la expiación. Nuestra consagración a Dios nunca debe fallar y Su presencia y poder en y sobre nosotros nunca disminuirá. Dios ha creado inflamables a nuestros espíritus. Somos combustible espiritual. Nuestra naturaleza es creada para ser incendiada por el Espíritu Santo. Cuando estamos al rojo vivo somos más bendecidos, más victoriosos, más utilizables. Somos más a semejanza de Dios cuando brillamos con la santa llama —la llama del Espíritu Santo que mora en noso¬tros. El fuego de Dios confiere una inolvidable atracción a la personalidad del mensajero de Dios y al contenido de su mensaje. Imparte sagrada autoridad que no puede ser imitada por los esfuerzos humanos. Sella con la marca de Dios en tal forma que los otros no pueden ignorarla. Confiere una santa autenticidad y asegura la integridad. Imprime la obvia inter¬vención participativa de Dios. Debemos mantener ardiendo en el altar de nuestros cora¬zones la llama del Espíritu Santo a todo costo. La palabra griega en “avives el fuego en 2 Timoteo 1:6 se refiere al uso de un fuelle que hace inflamarse un fuego que está en extin¬ción, yeso indica que exige esfuerzo. Timoteo tenía que hacer todo lo que podía para intensificar la manifestación de la llama del Espíritu Santo. Nuestra cooperación con el Espíritu es esencial para la consistencia del ardor que fluye, de la radiantez espiritual y el celo flamígero. El General Hooth instaba a su gente “el fuego tiende a apagarse; vigila el fuego del altar de tu corazón”. Corremos constante peligro de enfriarnos espiritualmente, perder nues¬tro fervor y demorar el celo. El reavivamiento personal viene de renovar el compromiso y reafirmar la consagración. Cada uno de nosotros necesita repetir ese reavivamiento personal sin cesar. Tenemos el Espíritu Santo, ese gran don de Dios pero tenemos que sentir más hambre de la manifestación de Su presencia y abrir nuestros corazones constantemente a la espera fiel de Su obra, Su poder y capacitación en nuestra vida. Dios nos da capacidad y el Espíritu Santo quiere imbuir nuestro ser total con Su realidad, haciéndonos Sus canales de expresión para que Su santo fuego pueda ser constantemente visible en nosotros. Debemos elegir si rechazaremos al Espí¬ritu Santo, sofocándolo o si soplaremos para reavivar las llamas de Su presencia. III. SE BUSCA: ¡UN CORAZÓN ARDIENTE! El líder cristiano no dispone de alternativa al Espíritu Santo, pues debe tener su corazón al rojo vivo con el amor de Dios y el amor por el prójimo. El doctor George W. Peters decía “Dios, la iglesia y el mundo buscan hombres con corazones que arden al rojo vivo —corazones llenos con el amor de Dios; llenos con compasión por los males de la iglesia y el mundo; llenos con la pasión por la gloria de Dios, el Evangelio de Jesucristo y la salvación de los perdidos”. Agrega “La respuesta de Dios a un mundo indiferente, materialista, frío y burlón es el corazón cristiano que arde al rojo vivo en los púlpitos, las bancas, las escuelas domi¬nicales, los institutos bíblicos, las universidades, semina¬nos cristianos Si tú, como líder, careces de corazón ardiente, pocos de los que lidereas van a ser conocidos por sus corazones ardientes, y ejercerán escasa influencia e impacto en el mundo que los rodea. Nuestras comunidades se impresionan poco con nuestros programas y múltiples actividades. Se necesita mucho más que una iglesia atareada, amistosa o evangélica para impactar en una comunidad por Cristo. Debe ésta ser una iglesia ardiendo al rojo vivo dirigida por líderes que también arden al rojo vivo por Dios. Samuel Chadwick, difunto presidente de una universidad británica, era llamado “la zarza ardiente”. Desde que fue llenado con el Espíritu Santo “hubo milagros de gracia obra¬dos por medio de la influencia de una vida que ardía con e1 fuego de Dios”. Frances W. Dixon cuenta cómo “el poder de su prédica y la influencia moral de los miembros de su iglesia eran tan grandes que el jefe principal del vecindario expresó, públicamente, su gratitud por la manera en que toda la ciudad había sido limpiada por la influencia de hombres y mujeres incendiados con el amor de Dios”. Un colega de ministerio preguntó una vez a John Wesley, el evangelista del corazón ardiente, cómo ganar al público. Wesley le replicó “si el predicador arde los otros verán el fuego”. Uno de los biógrafos de Wesley lo llamó el hombre “sin tregua en pos de las almas”. Grabadas en la tumba de Adam Clarke, uno de los primeros eruditos metodistas y protegido de Wesley, están estas palabras: “Me estoy consumiendo al vivir para las demás personas”. 1. DeWitt Talmage escribió hace un siglo “en esta época queremos por sobre todas las cosas, fuego —el santo fuego de Dios ardiendo en los corazones de los hombres, revolvien¬do sus cerebros, propulsando sus emociones, excitando sus lenguas, brillando en sus semblantes, vibrando en sus accio¬nes, expandiendo su poderío intelectual, y fundiendo todos sus conocimientos, lógica, retórica en un arroyo al rojo vivo. Que este bautismo descienda y miles de nosotros, hasta ahora no más que débiles ministros, comunes y corrientes, fácil¬mente olvidados por la humanidad, nos volveríamos, enton¬ces, poderosos”, lo cual sigue siendo verdad. También sigue siendo verdad en el mundo que nos rodea. Hace unos años, en Polonia, un soldado dijo al doctor Harold John Ockenga: “El cristianismo y el comunismo corren una carrera ep Polonia que va a ganar el primero que encienda en llamas su mensaje”. El cristianismo desapasionado no apagará los fuegos del infierno. La mejor manera de luchar contra el devorador incendio de un bosque es con más fuego. Un líder desapasio¬nado nunca encenderá al pueblo. Un líder de jóvenes que no es apasionado nunca incendiará por Cristo a esa juventud. Hasta que nosotros estemos ardiendo al rojo vivo no podemos hablar a los corazones de nuestro pueblo. El obispo Ralph Spaulding Cushman oraba: ¡Enciéndenos Señor, conmuévenos, te rogamos! Mientras el mundo perece día tras día, Seguimos nuestro camino sin sentido ni pasión. ¡Préndenos, Señor, conmuévenos, te rogamos! No hay mayor necesidad que ésta en nuestras iglesias y escuelas. No basta ser evangélico de fe y corazón; debemos ser supremamente poseídos por Cristo, apasionamos por Su amor y gracia, incendiados al rojo vivo con Su poder y gloria. Cada parte terrenal de nuestro ser, según la letra del gran himno, debe brillar al rojo con el fuego divino de Dios. La madera, el altar, y el sacrificio no bastan, ¡ necesitamos el fuego! ¡Fuego de Dios desciende de nuevo sobre nosotros! ¡Enciéndenos, incéndianos, oh Señor! Si vamos a ser una fuerza irresistible para Dios ahí donde El nos haya puesto, necesitamos el bautismo de fuego del Espíritu Santo. Si vamos a despertar a nuestra amodorrada iglesia, necesitamos que baje a nosotros la santa llama que descendió sobre cada creyente en el aposento alto. Tú la necesitas; yo la necesito. T. A. Hegre escribió en un conmovedor articulo titulado “Arde fuego de Dios” que: “Necesitamos fuego: fuego que avive nuestra frialdad y revuelva nuestras emociones, fuego que nos impele a hacer algo por aquellos que van a las tumbas sin Cristo. Incontables millones mueren hoy sin que se les haya dicho de Cristo porque nosotros, los cristianos estamos apagados. Necesitamos fuego: el fuego del Espíritu Santo”. No necesitamos fuegos artificiales porque no glorifican a nuestro Santo Cristo. Necesitamos fuego santo, el fuego con que el Espíritu Santo nos bautiza. Necesitamos el fuego y el celo de la iglesia de los primeros días cuando casi todo cristiano estaba listo, si era necesario, para ser mártir por Cristo. John R. Rice reprendió nuestra falta de fuego en un sermón que pegó fuerte. “Escuchen, no se trata que los pecadores estén endurecidos. El problema es que se endurecieron los predicadores, los profesores de escuela dominical, los diáco¬nos bautistas y los mayordomos metodistas junto con los ancianos presbiterianos. Encuentro más fácil ganar un alma y lograr que un borracho y una prostituta se conviertan que encender al rojo vivo a un predicador respecto de las almas George Whitefield fue usado poderosamente por Dios y él y John Wesley pusieron de cabeza a Inglaterra para Cristo y salvaron, por la gracia de Dios, a las islas británicas de un duplicado de la revolución francesa. Se dijd de Whitefield “desde que empezó a predicar, cuando era muchacho, hasta la misma hora de su muerte, no conoció disminución de su pasión. Su alma fue un horno de ardiente celo por la salvación de los hombres hasta el fin de su notable carrera”. ¡Su alma un horno ardiendo! ¡Ah! He ahí el secreto. Nuestro trágico problema es que tratamos de liderar al pueblo de Dios con corazones que nunca han ardido verdaderamente o que perdieron su llama. Elías oró hasta que el fuego cayó sobre el monte Carmelo. Entonces los réprobos de la época se postraron exclamando: es el Dios! ¡Jehová es el Dios! 1 Reyes 18:39 ¿Puede el fuego Shekina que incendió la zarza, hacer eso con nuestros corazones hasta que seamos zarzas ardientes para Dios? El fuego Shekinah del monte Sinaí infundió todo el ser de Moisés hasta que su rostro irradió la gloria de Dios. ¿Podemos acercarnos bastante a Dios hasta que el fuego Sheki¬na empiece a transfigurar nuestros vasos de barro y nuestro pueblo vislumbre la gloria de Dios sobre y en nosotros? ¿Puede regresar hoy a nosotros el fuego Shekinah que Ezequiel vio irse paulatinamente de Israel? Regresó a los ciento veinte que estaban en el aposento alto. Si nos llevó diez días en buscar el rostro de Dios, sería más que valioso si pudiéramos también ser incendiados por Dios. Solamente Dios puede bautizar con fuego, de modo que no podemos ganarlo ni trabajarlo ni simularlo. Solamente Dios puede enviar Shekinah. Solamente Dios puede satisfa¬cer tu necesidad y la mía. Llevamos mucho tiempo trabajando sin ese fuego. Anulamos excesivamente la gloria de Dios sin ese fuego. Llevamos demasiado tiempo sin ese fuego dejando sin impactar a nuestra gente. Nosotros no podemos encender ese fuego y no podemos producirlo en nosotros mismos; pero podemos humillamos ante Dios en total integridad y honestidad, confesando nuestra necesidad. Podemos buscar el rostro de Dios hasta que Su luz divina nos muestre lo que hay en nuestros corazones y vidas que impide que seamos llenados e inve~tidos de poder. El santo fuego de Dios solamente desciende sobre los corazones hambrientos, obedientes, preparados. Quizás la necesidad subyacente a todas las necesidades sea que no estamos bastante hambrientos ni sedientos ni deseándolo con toda nuestra alma. “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Pa¬dre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13). ¡Te imploramos que vengas; oh, si, ven! Bendito Espíritu Santo ven de nuevo hoy; Ven, habita plenamente en nosotros en forma poderosa. Anhelantes esperamos Tu gracia y poder; Bendito Espíritu Santo, ven a nosotros en esta hora. Coro: ¡Ven a nosotros ahora! ¡ven a nosotros ahora! Nos inclinamos ante Ti hambrientos, sedientos, deseosos. Obra en toda Tu plenitud en y por nosotros todos; Hambrientos y obedientes, Señor, llamamos confiando. Bendito Espíritu Santo, permite que descienda la Shekinah; ¡Que Tu santa gloria descienda sobre todos nosotros! Que Tu fuego y gloria desciendan ahora sobre nosotros; Pon Tu sello en nosotros y, entonces, envíanos a servir. Bendito Espíritu Santo, obra de modo que todos vean; Ejerce Tu Señorío —todo Tu ministerio. Obra poderoso más plenamente de lo que hemos visto u oído; ¡Esa es Tu bendita promesa, esa es Tu Santa Palabra! Bendito Espíritu Santo, ¡oh, no te demores! Ven en poder y gloria; ¡ven hoy a nosotros! Tenemos hambre de Ti; a Ti necesitamos. Bendito Espíritu Santo, ven, ¡oh, ven! te imploramos. (Traducción libre)
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